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Maria, la fisioterapeuta venía un día o dos a la semana dependiendo que cómo se encontrara mi abuela. había días que no quería hacer nada. Cada pequeño gesto era un reto, una lucha contra la dejadez, contra el desgaste del cuerpo, contra el cansancio y el hastío. 4/11/2010, Barcelona. © Patricia Bobillo Rodríguez